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martes, 17 de noviembre de 2009

pacto

dele joder con la flor de magnolia, año tras año cuando llega esta época mi mamá empieza a recordarnos lo mucho que le gustan y lo altas que suelen estar y cómo nunca ningún príncipe azul altísimo pasa y sin esfuerzo alcanza una y se la regala.
y no es que yo no tuviera muchísimas ganas de cumplir con su deseo (de la flor, por supuesto, lo del príncipe está completamente fuera de mi alcance) pero cada vez que pasoaba cerca de un arbolito sonreía de impotencia mirando como se balancean altos e inaccesibles los pimpollos.
ayer, caminando juntas por boulevard oroño la llevé hasta el árbol que tenía las flores más bajas y saltamos y revoleamos mi bolso como lazo hasta que finalmente lo conseguí, la rama se dejó atrapar, se acercó a nosotros con una resistencia firme pero amable y nos regaló un imenso retoño blanco.
madre me miró, dijo: -tantos años...- y se puso a llorar.
la abracé y sentí que había un pacto en ese abrazo, que ya podía irme, que ya estábamos listas para extrañarnos.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

nostalgia de antemano

mi habitación se congeló en mis catorce años, o algo así. la dejé estar, no me importó, a partir de esa edad empecé a pensar (qué ilusa!) que no iba a habitar ese espacio por mucho tiempo más y que no valia la pena invertir tiempo ni dinero en ordenar, acondicionar y pintar.
así pasó el tiempo y el cuarto sigue siendo un cuadrado con las paredes escritas en los huecos que quedan entre las mil cosas pegadas en las paredes. y hay más, del techo (alto alto) cuelgan cantidad de boludeces, maripositas, haditas, atrapasueños y más y más giladas.
el otro día, cuando en el intento de cambiarme la remera me quedé enganchada con el móvil de las mariposas que compré en la feria de calle oroño hace muuucho tiempo, la miré a madre y le dije "todas estas porquerías se las voy a regalar a lunita y a ámbar [mis sobrinitas que viven en córdoba] para que adornen su pieza"
ella hizo una sonrisa muy triste y me dijo con tranquilidad "no, por qué? dejalas acá". yo sonreí también, porque sé que le gustan y porque entendí que para ella van a ser un poco yo, cuando me vaya.

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